2025: un año bisagra — cómo soltar el control transformó mi vida

Un cierre de año honesto y consciente. Reflexiones sobre soltar el control, transformarse, aprender de las caídas y elegir quién quiero ser.

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1/5/20266 min leer

Se terminó un año, el 2025, que para mí fue realmente inolvidable.

Bisagra.

De esos años que cambian tu rumbo de una manera que jamás hubieras imaginado.

Venía ya en un camino bastante copado de autodescubrimiento, de desarrollo interno, de mucho aprendizaje, pero este año terminé de asentar ese cambio que estaba procesando y realmente se produjo un salto.

Esos famosos saltos cuánticos.

Me transformé en otro Daniele.
En uno que se ama.
En uno que dejó de ir contra la vida y ahora fluye con ella.

Realmente soy otra persona, y gracias a que paré y empecé a analizar mi vida, a preguntarme realmente qué quería conseguir.
Entonces fue cuando empecé a escribir en qué persona me quería convertir.
Qué clase de persona quería ser.
Qué clase de persona podría conseguir lo que yo quería conseguir.

Esa fue mi clave.

Solamente con tener en claro la persona que quería ser, pude empezar a comportarme como esa persona, “engañando” al principio a mi cerebro, hasta convertirme en ella.

Me di cuenta de que es muy fácil cambiar cuando realmente tenés claridad sobre quién querés ser, porque cada vez que vas a hacer algo te tenés que preguntar:

¿Qué haría si ya fuera una persona sana?

Y con eso en la cabeza, y el compromiso real de querer convertirte en esa persona, el cambio es sencillo.

Sencillo, ojo.

No significa que sea fácil.

Al principio vas a tener muchísima resistencia.
Imaginate que querés ir en contra de un sistema de pensamientos que venís construyendo desde hace toda una vida.

Pero es posible.

Si yo lo hice, te aseguro que vos también podés hacerlo.

No importa qué tan jodido estés, o si partís desde una situación más “acomodada” —que a veces son las más peligrosas—, te aseguro que si empezás a definir quién querés ser y te comprometés con eso, no hay manera de fallar.

Después, el camino va a ser tortuoso.
A veces te vas a perder, como me pasó a mí este año más de una vez, pero gracias al sistema de hábitos que había desarrollado —del cual voy a hablar en otra ocasión— podía volver a centrarme y seguir avanzando.

Porque es así.

Mi primer mentor siempre decía:
“Solo falla el que abandona.”

De todas las caídas, lo único que tenemos que hacer es aprender.
Aprender, aprender y aprender.
Aprender para no volver a repetir los mismos errores.

Vamos a cometer otros errores, y vamos a volver a aprender.

Es el juego de la vida.

Está en vos no seguir cometiendo los mismos errores.

Muchas veces escuché a personas decir:
“Siempre me pasa lo mismo”.

Bueno, en ese “siempre me pasa lo mismo” hay un error que estamos cometiendo y un aprendizaje que no estamos pudiendo integrar.
Y la vida, muy sabiamente, te pone una y otra vez frente a esa situación para que finalmente aprendas la lección.

La vida nunca se equivoca.

Como no se equivocó cuando, a principio de este año, justo el 31 de diciembre de 2024, terminé una relación de más de cinco años con mi ex pareja.

Una relación muy intensa, muy especial.
Una relación que me enseñó muchísimo.

Aprendí a confiar en mí mismo y a darme cuenta de lo capaz que soy.
Pero también me hizo ver que aún tenía heridas y patrones automáticos que no había siquiera visto.

Y actuaba siguiendo esos patrones.

Finalmente, la relación se desgastó y, con mucho dolor, terminamos.

A los días de esa separación ya tenía organizado un viaje para ver a mi familia en Argentina.
Un viaje súper emocional también, porque conmigo viajó mi abuela, que finalmente se quedó a vivir allá con mi mamá por una serie de motivos que no vienen al caso.

Estuve dos meses en Argentina.

Conecté muchísimo con mis padres, con mi familia.
Ya en mí había sucedido un cambio.

Ahora podía sentir tanto amor como nunca había podido sentir.
Me atravesaba e iba de ellos hacia mí y viceversa de manera constante.

Jamás lo había sentido.

Y fue así que nuestra relación se está uniendo cada vez más.

Y así fue con toda mi familia y amigos más cercanos.

Aunque también para mí fue un desafío esos meses en Argentina, porque estaba volviendo por primera vez a un contexto que durante muchos años fue, para mí, el mismísimo infierno.

O así lo había vivido.

Los últimos diez años en Mar del Plata fueron, sin lugar a dudas, los peores años de mi vida.
Y ojo, no tiene nada que ver ni la ciudad, ni las personas, ni nada.

Yo estaba roto.

Y ahora tenía miedo de que, volviendo, me pudiera quebrar de nuevo.

Pero no pasó.

Había cambiado.

Volví a ver amigos y a estar en contextos siendo otra persona, y los disfruté muchísimo.
Supe poner límites, supe —sobre todo— ponerme a mí en primer lugar y no actuar desde mi herida de sentirme inferior y tener la necesidad de pertenecer.

Si no tenía ganas, no me juntaba.
Y cuando realmente tenía ganas, iba.

Finalmente, en marzo volví a mi casa, en Italia.
La casa que fue un proyecto conjunto con mi ex pareja y que ahora había quedado para mí.

Una mezcla de emociones fuertísimas, de las cuales no escapé.

Lloré.
Lloré muchísimo.
Grité.
Escribí.
Leí.
Medit é.
Fui al gimnasio.
Comí de manera consciente.

Me conecté conmigo mismo.

Fueron momentos bisagra en los que pasé el cambio por el cuerpo.

Toda mi vida me había escapado de las emociones, y por primera vez en mi vida estaba solo.
Sin nadie ni nada.
Presente.
Conmigo mismo.

Y se sintió tan bien después.

Cuando la primavera empezaba a asomar, yo había renacido.
Literalmente era otra persona.
Me sentía tan distinto que ni yo me reconocía.

Habían sido siete meses de retiro espiritual y ni me había dado cuenta.

No puedo dejar de mencionar a una persona muy especial que conocí luego de esos siete meses.
Apareció en mi vida de una manera tan inesperada que todavía me sorprende, pero como dije antes: la vida no se equivoca.

Se trata de alguien que hoy considero un hermano mayor, a quien en total vi unas cuatro o cinco veces, pero en esas pocas veces compartimos momentos de introspección muy profundos y con quien me sentí identificado de una manera realmente increíble.

Demian, el hijo del vecino de mis padres en Mar del Plata.
Una persona fabulosa, con un corazón enorme, que me hizo conocer la PNL más en profundidad, ya que él es profesor de la carrera que hoy me encuentro estudiando.

Una de las dos personas más importantes que me regaló este 2025.

La segunda es mi pareja actual, Yasmina.

Una mujer que conocí en una aplicación de citas.

Sí.
Una locura total.

Una mujer con la que tuve una conexión diferente.
Ambos coincidíamos en que no era la primera vez que nos encontrábamos, y que en otras vidas habíamos sido hermanos, tal vez, o simplemente amigos.

Fue, y sigue siendo, una locura.

No sabía que se podía amar de esta manera a una persona.
Y lo más lindo es que cada día nos conocemos más y descubrimos del otro distintas facetas.

Siendo honesto, yo no quería una relación.
Me encontraba tan bien solo que quería seguir experimentando la soledad.
La estaba disfrutando mucho.

Pero fue tan profunda la conexión que no quise resistirme y me entregué de lleno.

Y acá estamos.
Amándonos con locura y viviendo experiencias realmente hermosas.
Desde viajar hasta cocinar juntos.
Desde pasear por el pueblo hasta irnos a Rusia dos meses a ayudar a su hermano con la segunda hija que tuvieron hace días.

La vida no para de sorprenderme.

Y, de verdad, si tuviera que sacar un solo aprendizaje de este año, sería el siguiente:

Soltá el control.

Soltalo de verdad.
No quieras hacer todo de prepo.
Si no es, no es.
Porque si tiene que ser, va a ser.

Además, soltar el control significa tener la humildad de entender que nuestra percepción del mundo es muy limitada, pero que hay una inteligencia superior que está a nuestro favor siempre.
Y que, si la dejamos actuar y fluimos con ella, te aseguro que te vas a sorprender, como yo, de las cosas que te van a pasar.

Me fui un poco largo, pero espero que hayas podido sacar alguna idea interesante de mi año.

Te mando un abrazo enorme y te deseo que para este 2026 definas la persona en la que te querés convertir y que te comprometas con vos mismo a ir por ahí.

Gracias,
Dani

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