Dejar de lado el ego
Algo que entreno constantemente en mi día a día es dejar de identificarme con el ego. Dejar de prestarle tanta atención y, sobre todo, dejar de permitir que sea él quien tome la iniciativa.
HISTORIAS PERSONALES
1/4/20262 min leer
Gracias a un libro llamado Un Curso de Milagros, entendí que esa vocecita que aparece primero en mi cabeza —la que quiere destruir, romper, la que se enoja con los demás, se compara todo el tiempo, envidia, quiere siempre más y más— no soy yo.
No son mis deseos.
No son mis enojos.
Eso es el ego.
Y creo que lo primero que necesitamos hacer es intentar definir, aunque sea de forma simple, qué es el ego.
A mí me sirvió entenderlo como un sistema de pensamientos.
Una red automática que se activa frente a todas las situaciones de nuestra vida.
Ese primer pensamiento que aparece casi siempre es del ego.
No porque sea malo, sino porque es el pensamiento que el cerebro aprendió como forma de supervivencia.
Es el pensamiento que alguna vez “funcionó”.
El problema es que estamos tan acostumbrados a ese primer pensamiento que lo damos por válido, por verdadero…
y además nos identificamos con él.
Y desde ahí actuamos.
Pero, ¿qué pasa si desafiamos ese primer pensamiento?
¿Qué pasa si, en lugar de identificarnos, lo dejamos pasar?
Al principio seguramente venga otro parecido.
Y después otro.
Pero si repetimos ese gesto —no identificarnos, observar y soltar— empezamos a dejar de ser comandados por el ego y a descubrir qué hay detrás de ese sistema de pensamientos.
Y sí… da miedo.
Porque no sabemos qué hay detrás.
Pero te aseguro algo:
lo que aparece es tu ser auténtico.
Vos.
Ese “vos” que con el tiempo se fue recubriendo de máscaras y personajes.
Útiles en ciertos momentos de la vida, sí.
Pero que también te fueron alejando de tu verdadero Ser.
Del amor.
De la paz.
De la liviandad.
Lo que propongo no es eliminar esas máscaras, porque vivimos en un mundo construido desde el ego.
Pero sí quitarles el poder.
Que nuestra vida no sea manejada de manera automática por ese sistema de pensamientos,
sino que seamos nosotros —nuestro yo más consciente— quienes tomemos las decisiones.
Porque hay algo importante que quiero dejar claro:
el ego no somos nosotros.
Nosotros no elegimos conscientemente que el ego esté al mando.
Simplemente aprendimos a vivir así.
Y si no empezamos a cuestionarlo, corremos el riesgo de pasar el ratito que tenemos acá en la Tierra viviendo desde automatismos, expectativas ajenas y personajes que ya no nos representan.
Hasta aca esta aproximación al ego.
Un abrazo enorme,
Dani.
Contacto
Si algo te movió por dentro y querés profundizarlo, hablame. Las mejores conversaciones nacen de una simple pregunta.