Los tres hábitos que me transformaron
La transformación no empezó con motivación ni fuerza de voluntad, sino con claridad. En este artículo cuento los tres hábitos fundamentales que cambiaron mi energía, mi mente y mi forma de vivir: alimentación, lectura y meditación.
1/14/20265 min leer
Algo sobre lo que todavía no había escrito son los hábitos que, en mi vida, marcaron una diferencia abismal con la persona que era antes.
Realmente me transformaron.
Hoy quiero destacar los tres primeros hábitos que adopté cuando decidí, de manera consciente, en qué clase de persona me quería convertir.
Este es el primer paso.
Sin la claridad de saber qué persona quiero ser, cualquier cambio de hábitos no es sostenible y, al cabo de unas semanas, iba a volver a mis viejos hábitos.
Pero sobre ese tema voy a escribir otro artículo aparte, porque hay mucho contenido.
Ahora quiero explicar por qué, en mi vida, elegí empezar a incluir estos tres hábitos para ser la persona que quiero llegar a ser.
Hábito n.º 1: la alimentación
El hábito número uno —el más importante de todos— fue para mí el cambio de alimentación.
Fue un cambio que me dejó realmente sin palabras.
Jamás me hubiera imaginado que, con cambiar lo que ingería —y sobre todo lo que dejaba de ingerir—, se iba a producir un cambio tan radical en mi vida.
Para quienes me conocieron antes de este cambio: había sido vegano durante unos dos años aproximadamente, y mi vida no iba tan mal, siendo sincero.
Trabajo, vida social, deporte… todo dentro de lo “normal”.
Hasta que un día, con la pareja de aquel momento, tuvimos una charla con una nutricionista que nos explicó un poco lo que ese tipo de alimentación estaba generando en nuestro cuerpo.
Así, de manera bastante radical, pasamos a una alimentación basada en proteínas y grasa animal, redujimos casi a cero los carbohidratos y azúcares y, lo más importante, eliminamos por completo los ultraprocesados.
Lo que pasó fue realmente impresionante.
A los pocos meses tenía una energía muy distinta a la que solía tener.
Algo estaba cambiando en mi cuerpo y eso se notaba en todo lo que hacía.
Estaba más atento, con más ganas de hacer cosas que antes no hacía nunca: sentarme a leer, a escribir, a estudiar cosas nuevas.
Salir a correr y a caminar todos los días.
El cambio se había puesto en marcha.
Algo que pasó de manera natural gracias a este cambio de alimentación fue que empecé a ayunar de manera intermitente durante el día.
El ayuno intermitente no es algo que haya forzado, sino algo que el cuerpo me epezò a pedir.
Cuando comés proteínas y grasas, el cuerpo queda realmente satisfecho y no necesita comer todo el tiempo.
Así que, por ejemplo, ya no necesito desayunar.
Sí, la comida considerada “más importante del día”, para mí dejó de existir.
Y sin embargo sigo vivo, eh.
De hecho, las horas más productivas de mi día son justamente esas horas antes de romper el ayuno.
Estoy ágil mentalmente, creativo, con ganas, enfocado.
Y es lógico: cuando comemos, el cuerpo tiene que gastar energía en la digestión.
En mis épocas anteriores estaba más agotado o con menos ganas porque el cuerpo estaba constantemente usando parte de la energía disponible para digerir.
Sobre la alimentación hay muchísimo para decir.
Sin dudas voy a dedicar otros artículos al tema, porque además me apasiona y me interesa mucho.
Especialmente en una sociedad que aprendió que tiene que comer cinco veces por día para tener energía, creo que hace falta hablar y cuestionar muchas cosas.
Hábito n.º 2: la lectura
El segundo hábito que decidí incluir en mi vida fue la lectura.
Jamás en mi vida me había considerado alguien a quien le gustara leer.
De hecho, leer me aburría, me dormía y lo consideraba inútil.
Qué creencias limitantes tenía, ¿eh?
Hoy no puedo pasar un día sin leer algunas páginas de mis libros, porque entendí que la lectura es tan importante para la mente como la alimentación para el cuerpo.
Nutrir la mente leyendo ideas de otras personas, expandiendo nuestros horizontes, fue para mí un cambio que no hubiera creído posible.
Empecé de a poco, con cinco o seis páginas por día, creando el hábito y encontrándole el gustito.
Encontré libros que me explotaron la cabeza, que me catapultaron a una realidad totalmente distinta, de la cual no tenía ni idea.
Libros de desarrollo personal, psicología, alimentación, hábitos, PNL, filosofía, neurociencia, meditación.
De repente, todo eso empezó a ser parte de mi vida.
Fue así que empecé a entender que estaba viviendo solo a medias.
Que había una parte de mí que ni siquiera conocía y que quería conocer.
Hábito n.º 3: la meditación
El tercer hábito que empecé a implementar fue la meditación.
Lo pongo en tercer lugar porque fue consecuencia de los dos primeros.
Pero a partir de que empecé a meditar, mi vida fue mejorando de una manera que hoy me cuesta creer.
No voy a explicar acá todos los beneficios, que ya están ampliamente demostrados por las ciencias que estudian los efectos de la contemplación en el cuerpo.
Quiero contar los efectos concretos que tuvo en mi vida.
Al principio, durante los primeros días, luchaba para estar apenas tres minutos sentado con los ojos cerrados.
Mi mente era un caos enorme: pensamientos que iban y venían sin darme un segundo de descanso.
Era aterrador.
Pero, debido a lo que había leído, no me di por vencido y seguí.
Luego de la primera semana de sentarme esos tres minutos diarios, los pensamientos empezaron a bajar de intensidad y podía prestar cada vez más atención a mi propia respiración.
La segunda semana decidí aumentar el tiempo a cinco minutos.
Parecían eternos.
Pero algo en mi día a día estaba cambiando.
Empezaba a escuchar esos pensamientos, a entender lo que decían.
Empezaba a tener poder sobre ellos, simplemente por reconocerlos y no identificarme con ellos.
Me estaba poniendo en el lugar de observador, entendiendo que esos pensamientos no los estaba eligiendo yo, sino que eran pensamientos automáticos que el cerebro generaba sin parar.
Y así, día tras día, hoy puedo estar sentado media hora o cuarenta minutos, llegando a pasar varios minutos sin que aparezca nada en mi cabeza.
Conectándome completamente con algo superior que está dentro mío.
¿Dios?
¿El Universo?
¿La Conciencia Superior?
Llamalo como quieras, pero algo hay.
Y gracias a la meditación lo puedo sentir.
Hoy puedo decir que le entregué mi vida a eso.
Entendí que no tengo el poder de elegir siempre lo mejor para mí.
Lo único que hago es trabajar en mí y agradecerle a esa entidad por ponerme en los lugares exactos en los que necesito estar para seguir creciendo y conociéndome.
Sé que puede sonar abstracto, pero llevado a mi día a día esto me da un estado de paz, la mayor parte del tiempo, que es realmente indescriptible.
La clave por encima de todo: la constancia
Estos tres hábitos fueron con los que comencé, de manera más consciente, el camino de autodescubrimiento y de crecimiento interno.
Pero hay algo que vale más que cualquier hábito: la constancia.
No hay cambios enormes que sean sostenibles en el tiempo.
Son las pequeñas acciones repetidas a diario las que generan los grandes cambios.
Espero haberte inspirado, de alguna manera, a que puedas —de a poco— incorporar hábitos que te sirvan para convertirte en la persona en la que te querés convertir.
Un abrazo.




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