No podés amar lo que no conocés

El amor propio no es una técnica ni una frase hecha. Es el resultado de animarse a estar con uno mismo, atravesar la soledad, soltar las máscaras y empezar a conocerse de verdad.

1/8/20263 min leer

Hoy, escribiendo un rato en mi libreta —como casi todos los días hago—, me fui metiendo en un tema que, a mi modo de entender el proceso que estoy atravesando, fue clave para encontrar la paz de la que hoy gozo a diario.

El tema es el amor propio.

Y la primera pregunta que me surge es:

¿Cómo puedo amar a alguien a quien no conozco?

Esta es la pregunta que me abre la puerta al tema que quiero tocar hoy.

¿Cuánto te conocés a vos mismo?

Decimos que nos conocemos, pero ¿eso es verdad?
¿Conocemos nuestro verdadero ser o conocemos lo que queremos mostrar a los demás?
¿Conocemos nuestro yo más profundo o lo confundimos con las máscaras que nos estuvimos poniendo durante toda la vida para poder encajar en la sociedad?

Porque efectivamente, yo hasta hace unos años —cuando empecé a investigar, a ir al psicólogo, a tener mis ratitos a solas conmigo, que no podían ser muy largos porque la ansiedad me carcomía por dentro— no tenía ni idea de quién era.

Y da miedo.

Da miedo dejar de lado las máscaras y adentrarse en uno mismo, porque realmente el cerebro no está acostumbrado y no sabe qué esperar.
Y al cerebro no le gustan las situaciones a las que no está acostumbrado.

Por eso la soledad nos da temor, y hacemos de todo por taparla.

Nos entra esa desesperación que no queremos atender.
Esos sentimientos de desesperanza, de temor, de angustia que odiamos sentir y que tapamos con cualquier actividad.

Pero es ahí donde empezamos a descubrirnos.

Esas emociones son pasajeras, y cuando se van diluyendo podemos encontrar nuestro verdadero ser, nuestro yo más profundo.

Se necesita tiempo, paciencia y fe, sabiendo que una vez atravesado ese período de oscuridad va a haber luz, paz y amor.

Amor del real, del puro y del más importante de todos: ese amor propio del que todos hablan.
Y cuando lo empezás a sentir, cuando entendés que no hay nada terrible ahí dentro tuyo, le empezás a dar cada vez más espacio.

Te empezás a sentir cómodo estando solo, y ese amor empieza a crecer dentro tuyo.
Y ya no te da miedo estar solo, porque en realidad no estás solo: estás con la persona más importante de todas.

Con vos mismo.

Porque sos vos la persona más importante.

No hay otra.

Ni tus hijos, ni tu pareja, ni tus padres…

Porque si vos no te podés amar a vos mismo, ¿cómo pretendés poder amar de verdad a cualquier otro ser de este planeta?

Nunca va a ser amor.
Va a ser necesidad.
La maldita necesidad de tapar ese vacío interno que solo el amor propio puede llenar.

Entonces te animo a que empieces.

De a poco, sin forzar nada, pero que empieces a tener tu ratito de tranquilidad y te empieces a sumergir dentro tuyo.
A hacerte preguntas que vos solo podés contestar.

Ni ChatGPT, ni Google, ni siquiera Wikipedia (jaja).

Solamente vos podés contestarlas, y te pido que lo hagas con honestidad.

Al principio va a ser difícil.
Te vas a sentir incómodo.
No vas a saber para dónde disparar.

Pero date tiempo.
Confiá en vos y en que dentro tuyo hay algo maravilloso que espera ser revelado, encontrado y compartido con el mundo.

Parece una frase hecha, muy cliché, pero te aseguro que te hablo desde la experiencia.
Fue lo que me pasó a mí personalmente.

Al principio no podía estar solo.
No me conocía.
No sabía quién era, qué me gustaba, en qué era bueno.

O más bien había una intuición, pero estaba tapada por vicios destructivos, relaciones vacías y vínculos tóxicos que me servían de escape.

Pero cuando me empecé a permitir explorar dentro mío, me encontré con una persona buena.
Me encontré con mi propósito, que al parecer es este: escribir.

Me gusta.
Me hace sentir bien.
Y estoy seguro de que voy a ayudar a muchas personas a que ellas también puedan encontrar su propósito.

Que no tiene que ser ayudar a los demás.
Tiene que hacerte sentir bien a vos.

El resto viene solo.

Contacto

Si algo te movió por dentro y querés profundizarlo, hablame. Las mejores conversaciones nacen de una simple pregunta.